7 dic 2011

Un ambiente tenso

Sumergido en un ambiente de escándalo. Ni siquiera capaz de escuchar mis propios pensamientos. Se oyen miles de voces a las que no  se les entiende casi nada. Ingenuamente releo lo que en algún momento escribí en mis apuntes con la vaga esperanza de que logre memorizar  toda esa información en tan sólo unos minutos. Mientras más me concentro más díficil parece poder captar algún concepto.

De repente, inmerso en mia pensamientos nunca falta que personas que se acerquen para aclarar dudas que nublan sus ideas. Con dificultad trato de captar sus relatos, esperando poder ayudarlos en lo que pueda. Entonces trato de divagar por un momento en las cosas que pasaran por la cabeza de los demás. Me pongo a pensar si se sienten en la misma situación que yo, o si ellos se encentran mejor o peor.

Mi mente parece cada vez confundirse más al entremezclar mis ideas con las voces desesperadas que se proliferan a mi alrededor. Entre tanta confusión, se siente como amnesia. Como si las conexiones neuronales desaparecieran. Todo lo que en algún momento era claro y sencillo, se vuelve complicado e incomprensible. La confianza que durante mucho tiempo se tenía empieza a flaquear. En este ambiente caótico, llega el  sonido imponente de una campana anunciando orden y autoridad. El tiempo se ha acabdo y ya es momento de guardar los apuntes.

Algunos anarquistas tratan de negarse y rápidamente, en segundos, empiezan a trazar estrategias para ayudarse mutuamente cuando la autoridad se descuide. Sin embargo, sólo son planes simples que al final parecen casi irrealizables. Un intento inútil de burlar a la autoridad

El profesor a arrivado con una sonrisa de oreja a oreja pues sabe que va a cobrar la venganza que se le venía debiendo. En cuanto a los subordinados les llega un momento de tensión nerviosa. Algunos valientes, no se dejan doblegar por la situación y tratan de mantenerse firme a su confianza y conocimientos.
En ese momento lo único que queda es respirar profundamente, confiar en uno mismo, tomar lapiz, goma (nunca falta que uno se equivoque) y pluma para  comenzar a responder el examen.

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